BLOG DE ANA M. BRIONGOS


21.5.17

Elecciones en Irán 2017. Rouhaní gana las elecciones. Ana M. Briongos.



El ministro del interior iraní, Abdulrezá Rahnanifazlí anunció el sábado 20 de mayo de 2017, un día después de las elecciones, con todos los votos escrutados, que el vencedor había sido Mohammad Rouhaní, el actual presidente, con el 57% de votos favorables. Pasa pues a ejercer su segunda y última legislatura de cuatro años.

 

De los 56.4 millones de iraníes registrados para votar, se han contabilizado 41,2 millones de votos de los que el moderado Rouhaní, obtuvo 23,5 millones y el conservador Riasí, 15,8 millones. La participación ha sido pues elevada, un 73%, como acostumbra ser en Irán.



El Lider Supremo, Jameneí, como en anteriores elecciones, hizo una arenga a la población para que acudiera masivamente a las urnas para demostrar al mundo que la participación popular en los asuntos importantes del país es evidente, dentro de un ambiente festivo, pacífico e ilusionado. Es una baza fundamental que esgrime el régimen ante las potencias extranjeras.


La verdad es que las elecciones presidenciales en Irán provocan un subidón general. Los jóvenes, chicos y chicas, salen a la calle, cantan, bailan, muestran sus pancartas de apoyo a su candidato y lucen los colores que lo significan. Este año el color de Rouhaní era el morado. También aparecía el verde como recuerdo del fiasco ocurrido en las elecciones de 2009 en que inesperadamente ganó Ahmadinejad, las protestas populares que siguieron y su posterior represión. 



Este año mis amigos iraníes han ido a votar, incluso aquellos que no votaron en anteriores elecciones puesto que consideran lo de Irán antidemocrático desde el momento en que quien detenta el poder real, el Guía Supremo, no se elige en las urnas. Tenían miedo de que ocurriera como en 2005, después del período de apertura del presidente Jatamí que por no ir a votar ganó Ahmadinejad y sumió al país en un agujero aislacionista y belicoso. Este año, artistas, escritores, actores, directores de teatro y de cine han confirmado en las redes sociales su apoyo a Rouhaní, algunos de los cuales son bien conocidos como opositores al régimen, incluso expresos políticos. El venerado poeta que firma con el seudónimo de Saié (la sombra), ofreció en Facebook su fotografía, anciano de luengas barbas, papeleta en mano de su hija Yaldá, donde se veía escrito de su puño y letra: Hassan Rouhaní.



De los algo más de 56 millones de votantes, 2,5 millones viven en el extranjero. Según IRNA, la agencia de noticias oficial de Irán, este año se han puesto urnas en 102 países, incluido los EEUU. En total 279 centros de votación en el extranjero, entre ellos en Madrid y en Barcelona. Nunca anteriormente se había publicitado desde el gobierno iraní la participación de los residentes en el extranjero en las elecciones, y menos en EEUU, donde vive una gran parte de los emigrados iraníes.


En la foto de abajo se muestra la urna instalada en Casa Asia en Barcelona.


El presidente Mohammad Rouhaní nació en el norte de Irán en 1948. Pronto empezó sus estudios religiosos. Fue seguidor del entonces exiliado líder del movimiento islámico, Jomeiní. Salió de Irán en 1977 y regresó en 1979, después de la Revolución Islámica y tras haber estudiado en Escocia. Fue secretario del Consejo Superior de la Seguridad Nacional de Irán (1989-2005) y adquirió fama de diplomático después de liderar la negociación nuclear de 2003-2005. En 2013 fue elegido presidente. Durante su presidencia llegó a un acuerdo con las potencias extranjeras sobre el plan nuclear a cambio del levantamiento de algunas sanciones económicas.


Como presidente, Rouhaní ha conseguido bajar la inflación del 40% al 7%, pero los precios siguen subiendo. Después de la firma del tratado nuclear, Irán ha tenido un crecimiento económico del 7%, debido principalmente a la venta del petróleo, aunque no a la reactivación de la economía. El desempleo total es del 12,5% pero está en el paro el 30% de los jóvenes.


Estas elecciones se consideran una aprobación popular a la política de apertura al mundo que debe tener como consecuencia una mejora de la economía muy malparada después de años de estrictas sanciones. Rouhaní asegura que luchará para conseguir el levantamiento de las sanciones que todavía persisten, aunque será difícil con Donald Trump como presidente de EEUU. Pero además de las promesas económicas Rouhaní también ha hablado en su campaña de libertades sociales y políticas, sin embargo los líderes reformistas siguen en arresto domiciliario y en cuatro años de presidencia no ha logrado liberarlos aunque lo prometiera en la campaña electoral de 2013.


En su primer discurso después de ganar las elecciones, el sábado 20 en TV, Rouhaní dijo: “El mundo comprende plenamente que Irán está ahora en el camino de la interacción con la comunidad internacional y piensa promover la paz y la amistad, pero no aceptará la humillación bajo ningún concepto”.


Es interesante saber que de los 1636 inscritos para ser candidatos en las elecciones presidenciales de Irán de 2017, 137 eran mujeres. Ninguna pasó la criba del Consejo de Guardianes. El artículo 115 de la Constitución dice que es condición de idoneidad para la candidatura el ser “reyal”. Esta palabra tiene varias interpretaciones puede significar hombres o también personalidades. Si se aceptara esta última interpretación las mujeres podrían ser presidentes. Azam Taleghaní, hija de un famoso ayatollah mártir, es una de las que se inscribe y lucha por el cambio de interpretación.


Ana M. Briongos

27.4.17

Elecciones presidenciales en Irán, mayo 2017

Ana M. Briongos


Estas serán las duodécimas elecciones presidenciales en Irán desde la Revolución Islámica de 1997 y las 36 si contamos las elecciones al Parlamento, la Asamblea de Expertos y las municipales. El próximo 19 de mayo tendrán lugar no solo las elecciones a presidente de la República Islámica sino también a alcaldes y concejales de las ciudades y pueblos de Irán.


Los seguidores del actual presidente, Rouhaní, creen que durante sus cuatro años de mandato ha conseguido mejorar la situación del país aunque reconocen que no ha logrado todo lo prometido. Sus detractores aseguran que la situación económica de los iraníes no ha mejorado en absoluto, aunque según el Fondo Monetario Internacional  Irán ha tenido un crecimiento del 7% en 2016, pero éste se atribuye casi exclusivamente a las ventas de petróleo.


Hace casi un año y medio de la firma del tratado nuclear y, a pesar de que las relaciones económicas con los países occidentales han mejorado, lo están haciendo a un ritmo más lento de lo esperado y pocos bancos se han decidido a instalarse en Teherán por miedo a la inestabilidad de la zona y a la inseguridad de las promesas dadas. Sin embargo Irán ha aumentado las exportaciones de petróleo y también las inversiones extranjeras.


En Irán cualquier ciudadano que cumpla unos mínimos requisitos puede apuntarse para ser candidato a presidente, por ello no es de extrañar que este año se hayan registrado hasta 1600 inscripciones, entre las cuales hay de todo desde personas instruidas y serias hasta gente del campo sin cultura alguna y hasta bromistas y bufones. Los medios de comunicación orquestan este juego y las redes sociales se llenan de videos de pretendientes a candidato que desatan la hilaridad del personal. Este año la fecha límite para la inscripción era el 15 de abril y el 20 del mismo mes el Consejo de Guardianes, después de estudiar los casos, decidió aprobar 6 candidatos.


Uno de los candidatos es el actual presidente Rouhaní que, según la ley establece, puede optar a un segundo mandato. De los restantes cinco, sólo dos parecen ser competidores reales para Rouhaní. Uno es Ebrahim Raisí que en la actualidad es responsable de la poderosa fundación que custodia el mausoleo del emam Rezá, el octavo emam chií, en Mash’ad, y Mohammad Bagher Ghalibaf, alcalde de Teherán desde 2005, ex jefe de la policía de Irán, y competidor de Rouhaní en las elecciones de 2013.


Raisí es doce años más joven que Rouhaní y clérigo como él. Es poco conocido. Se sabe que lleva una larga carrera al servicio de la República Islámica. Es doctor en jurisprudencia islámica y leyes y ha ejercido de juez en diferentes partes de Irán. Es miembro de la Asamblea de Expertos, igual que el actual presidente. Tanto Raisí como Rouhaní han alcanzado la categoría de mujtahids que es el nivel más alto de comprensión de las leyes religiosas. Sin embargo a Riasí le falta experiencia en el campo de la política y carisma. Se le ha nombrado en varias ocasiones como posible sucesor de Jamaneí, el Guía de la Revolución. Él mismo asegura que no pertenece a ninguna facción política, que se siente equidistante de cualquiera de ellas y que representa a todos los iraníes pero nadie puede negar que es un conservador de la línea dura y le presentan las facciones conservadoras. Además empieza a mostrar ciertas semblanzas con el anterior presidente Ahmadinejad. Se ha paseado amigablemente en público con Said Yalilí que fue el negociador nuclear en el gobierno de Ahmadinejad y que es muy crítico con el actual presidente y con el tratado que firmó hace un año y medio. A pesar de la tendencia de Raisí al populismo, su lenguaje es mucho más contenido que el de Ahmadinejad y, a diferencia de éste, no se lanza a criticar desaforadamente a sus contrincantes.


Ghalibaf, también conservador, seglar, es bien conocido por los iraníes pues es la tercera vez que se presenta a las presidenciales. En su campaña pone énfasis en el desempleo, promete que creará 5 millones de puestos de trabajo y que conseguirá que la renta familiar de los iraníes se duplique. Economistas importantes afirman que eso es imposible pero es una manera de conseguir votos entre la población que está muy preocupada por el desempleo.


Rouhaní pone énfasis en otro tema y dice: “¿Qué queremos? Empezar una confrontación con el mundo y volver a vivir bajo la inquietante sombra de una guerra o seguir trabajando para conseguir una interacción honorable con el mundo.”

Y añade: “debemos decidir en estas elecciones si queremos seguir en el camino de la libertad de expresión o no”.


Parece que lo sensato sería conceder mediante las votaciones una segunda legislatura al actual presidente pero estamos en un momento en que la sensatez parece haber desaparecido del mundo. Primero llegó Trump y ahora las elecciones en Francia nos muestran su cara más inquietante. Esperemos que los iraníes no sigan esta tendencia.

14.4.17

Saadí Shirazí, el poeta viajero del S. XIII



Saadí, el viajero, es el príncipe de los poetas persas; delicado y elegante, sabio e indulgente, pero a la vez, crítico con las debilidades y las locuras de los hombres.


Saadí nació en Shiraz, el país de las rosas, hoy en Irán, unos dicen que nació en 1184 otros en 1209, y quedó huérfano de niño.


A los doce años le mandaron a estudiar a Bagdad, ciudad en aquel tiempo muy importante pues era la sede del califato, y en cuya universidad enseñaban los sabios más prestigiosos de mundo oriental. Allí tuvo de profesor al venerado místico y erudito Sohravardí que fue su mentor y al que él consideraba su guía espiritual.


Al término de largos años de estudios coránicos, empezó su vida viajera que era como una iniciación impuesta a los discípulos espirituales del sufismo pero, a la vez, forzado por la inseguridad en aquellos territorios provocada por la invasión mongol.



Realizó una serie de viajes cuya cronología es incierta. A los veintiséis años, cuando era ya conocido como poeta, visita Kashghar. También quería ir a La Meca, como buen musulmán que era. Pero en Siria fue hecho prisionero por los cruzados y enviado a trabajos forzados. Ya liberado desciende por el Eufrates hasta Kufa, luego va a Basora donde llega sin dinero ni para comprarse unas sandalias y emprender la travesía del desierto. Pero consigue finalmente terminar su peregrinaje que más adelante repetirá en varias ocasiones.


También viajó a la India desde donde a través del Océano Indico llegó al Yemen, pasando, según parece, por la isla de Kish e incluso por la costa de Abisinia. En Sanaa, capital del Yemen, se casó y perdió un hijo. Desde allí viajó a la Meca por tierra y visitó Egipto y el Magreb, pero, como dice Henri Massé, sus explicaciones son tan imprecisas que podría haber estado en cualquier lugar, incluso habérselo inventado en algunas ocasiones.

Visitó Jerusalén, vivió en Damasco y en Asia menor y regresó finalmente a su tierra natal, Shiraz, donde tenía amigos y admiradores pero también detractores.


Saadí es un moralista al que le gusta explicar anécdotas, por algo las ha acumulado durante sus largos viajes, y también le gusta dar consejos de buena conducta.

No es un doctrinario, sino que disfruta comunicando la experiencia de la vida.



Fue educado con severidad y asegura que a un niño mimado le espera un futuro lleno de sufrimiento y aconseja a los padres enseñar a sus hijos un oficio manual que les permitirá sobrevivir en cualquier lugar en caso de exilio.


Saadí es contemporáneo de Dante alighieri, Ramon Llull, Marco Polo, Gengis Khan.


Saadí es un místico, un derviche, que está más allá de las querellas religiosas.


Y, como dice Claude Huart, su obra es un milagro y el milagro es la prueba de la santidad.

Por eso es venerado en Irán y su tumba visitada en peregrinación con el mismo respeto con que se visitan las tumbas de los imanes.


“Los viajes alegran el espíritu y ofrecen oportunidades, viajando ves maravillas, oyes cosas singulares, conversas con amigos, adquieres dignidad y buenas maneras… Por eso los sufíes dicen: “Mientras te quedas como secuestrado en tu tienda o en tu casa, nunca ¡oh! hombre vano, serás un hombre. Sal y recorre el mundo antes de que llegue el día fatal en que habrás de dejarlo”” (párrafo de su obra "Golestán", el jardín de las rosas)

7.4.17

Tener un perro en Irán



Los que habéis viajado a irán, ¿no os habéis preguntado cómo es que no se ve a nadie paseando un perro por la calle?

Tener un perro como mascota en Irán, es un problema. 

Los campesinos iraníes tienen perros que les sirven para sus labores de guarda o pastoreo. La policía iraní tiene perros para buscar droga, especialmente en la zona fronteriza con Afganistán de donde procede su mayor parte, o para buscar desaparecidos como consecuencia de los frecuentes terremotos. Pero los ciudadanos iraníes, los que viven en las ciudades, no pueden tener perro, está prohibido. No se puede salir a la calle a pasear el perro. Hay que hacerlo con nocturnidad y alevosía, por decirlo de alguna manera, de escondidas. Pero, a pesar de ello, hay familias que tienen perro. Es una manera de rebelarse.

Es como el caso de las antenas parabólicas. Están prohibidas, pero todo el mundo tiene una medio camuflada en la azotea o en el jardín. El caso de los peros es diferente porque es algo minoritario, pero es una más de las prohibiciones que impone el régimen de los Ayatollás y que a muchos les parecen exageradas. 

Razón de la prohibición de parabólicas: entrada de ideas y propaganda occidental. Razón de la prohibición de tener perro-mascota: costumbre occidental, consumismo, suciedad.

A pesar de la fatwa emitida por el ayatollah Shirazí hace unos años, el aumento de perros en ciertos ámbitos de las ciudades iraníes es evidente y se nota por el aumento de clínicas veterinarias. Se dice que en los barrios altos de la ciudad de Teherán es donde ha crecido más la tenencia de perros, cosa lógica si tenemos en cuenta que es la zona donde viven las familias pudientes y occidentalizadas. Sin embargo mi experiencia es bien diferente. 

La familia que me acoge cuando voy a Isfahán tiene un perro. Es un perro pequeño, blanco y peludo que corretea por la casa sin cesar. La familia es religiosa, leen el Corán y rezan cuando toca, y las mujeres llevan pañuelo incluso dentro de casa cuando está mi marido. Pero no son gente de mezquita, ni les gusta el clero y lo que representa en el Irán actual. Sus vecinos también son religiosos. Ninguno se ha quejado por el perro antes al contrario, lo aceptan encantados. Ello me hace pensar que no es cierto, como se dice, que los musulmanes consideren los perros y, en general, a los animales de compañía como algo impuro. Dicen que las normas religiosas exigen lavarse las manos después de tocar a un perro pero esto no es una norma religiosa sino algo higiénico y de sentido común.




En diciembre de 2016 se publicó un artículo en El Mundo de Zahida Membrado, autora del texto y de las fotos, con información detallada de un refugio para perros abandonados cerca de Teherán, donde acogen a más de setecientos perros y cuyos cuidadores son voluntarios amantes de los animales. Se llama Wafa.



La primera y la última foto son de Behrouz Mehri y aparecieron en un artículo de Angeles Espinosa para El País en el que también hablaba de perros en Irán.

17.3.17

Noruz, el Año Nuevo persa.



Llega Noruz, la fiesta del Año Nuevo persa. Recibo mensajes de viajeros que se van a desplazar a Irán en esas fechas. Me alegro mucho de que la gente se anime a visitar Irán. La antigua Persia, con sus extraordinarios vestigios de los imperios Aqueménida y Sasánida y Persépolis como enclave emblemático. Pasando a la época musulmana, las cúpulas floreadas de las mezquitas con sus exquisitos azulejos, tienen su punto culminante en la hermosa ciudad de Isfahan. Los bazares, los parques, los picnics al lado del río, las gentes acogedoras, educadas, amables, hacen que el viajero regrese entusiasmado de Irán. 
Nuestra Semana Santa acostumbra a coincidir o estar cerca de su Nowruz, el año nuevo persa que empieza con la primavera. Es tiempo de vacaciones y las familias iraníes aprovechan para salir de viaje y visitar a los parientes del pueblo o simplemente hacer turismo. Las carreteras están llenas y los monumentos también. Pero es interesante ver cómo viven esas fechas los iraníes.  


No es lo mismo visitar Persépolis en la soledad de un día cualquiera que rodeado de cientos de personas, como ocurre en Nowruz. Pero cada cosa tiene su atractivo y en el caso de esta época del año, los visitantes con los que compartimos espacios son todos iraníes, familias enteras que se han desplazado hasta el antiguo palacio aqueménida para conocer los orígenes de su cultura. Y eso nos dará la oportunidad de conversar, algo fundamental para el viajero que quiere saber más que lo que las piedras le explican.

Hay una edición de la guía de Irán publicada en castellano por Laertes. La ha preparado Toni Vives que es un buen conocedor del país. También es muy interesante el libro Irán por dentro, de Alfredo Kavanak, extenso y muy completo. Mis libros Negro sobre negro y La cueva de Ali Babá, y El meu Iran en catalán, dan una idea de lo que es el país a través de mis muchos años de relación con Irán, donde llegué por primera vez en el 68. El librito de gastronomía iraní que publicamos mi hijo cocinero y yo con costumbres gastronómicas y recetas, muestra otra faceta del país de los persas y se puede bajar de forma gratuita desde mi Web www.ana-briongos.net, o comprar en Altaïr en Barcelona o De Viaje en Madrid.
Y, para empezar a introducirse en la cultura iraní, aparte de leer los libros que recomiendo, también aconsejo acercarse al restaurante iraní "El rincón persa" de la calle Floridablanca de Barcelona, donde se come de maravilla una gran variedad de platos que no se encuentran facilmente en las rutas turísticas por Irán y que hace falta entrar en las cocinas familiares para poderlos degustar: baghali poló, fesenjan, ghormeh sabzí, kashk e bademjan... Y muchos otros deliciosos manjares persas.

¡Buen viaje!  ¿Feliz año nuevo persa! ¡Feliz Nowruz! Sal e now mobarak!

13.1.17

Visado para los EEUU, necesario, si has viajado a Irán

Necesitas visado para los EEUU si has viajado a Irán.



Queridos lectores:
Os escribo desde Berkeley, California, donde viajo una vez al año para visitar a mi nietecillo.
Esta vez no he podido entrar con el ESTA, permiso de entrada a los Estados Unidos de América que se tramita por Internet y te conceden casi al instante, porque había viajado a Irán. Los ciudadanos de la Unión Europea, con pedir el ESTA, entramos en EEUU, pero desde febrero de 2016, si has estado en alguno de los países que figuran en una lista, entre los que se encuentra Irán, debes pedir un visado.



Y ¿qué significa pedir un visado? pues que tienes que solicitar hora de entrevista en la Embajada de EEUU de tu país. Eso lo haces a través de la Web de la embajada. 
En el formulario que debes rellenar por Internet para pedir la cita, y que te lleva horas hasta que te aclaras con las instrucciones, no se menciona la razón (en mi caso haber viajado a Irán) por la que se solicita el visado. A este formulario hay que pegarle una foto, más horas de instrucciones y pruebas para que la foto sea exactamente como la quieren.
A mí me salió la cita para dos semanas más tarde, a primera hora de la mañana. Yo vivo en Barcelona por lo que tuve que desplazarme el día anterior a Madrid para poder estar en la embajada a la hora convenida. El viaje, junto con la tasa del visado, total, una pasta.
La entrevista fue agradable. La funcionaria de la embajada desde detrás de una ventanilla me preguntó por qué solicitaba un visado. Le dije la razón. Miró mi pasaporte y tiene al menos cuatro visados de la República Islámica de Irán.
 
-¿Por qué viaja tanto a Irán ?
Porque escribo libros sobre ese país.
Ah, qué interesante. Los buscaré para leerlos.
Yo llevaba un ejemplar de la nueva edición de “Negro sobre negro” para demostrar lo que afirmaba y se lo quise regalar. No lo aceptó y dijo que se lo compraría, mientras tomaba nota del título en un papel.
Tiene usted visado concedido con una validez de diez años.

¡Estupendo! a partir de ahora no tendré ni que pedir el ESTA.



En febrero de 2016 se aprobó una normativa según la cual todos aquellos que han visitado Irán en los últimos cinco años, necesitan visado para entrar en los EEUU. Eso ocurría durante la presidencia de Obama y después de que se hubiera firmado el acuerdo sobre temas nucleares con Irán. Resulta difícil de entender para los ciudadanos de a pie que no conocemos los entresijos de la alta política.

Tengo una amiga que había viajado una vez a Irán hacía cuatro años. Tuvo que ir con urgencia a Nueva York. Pidió un pasaporte nuevo en España para que no apareciera el visado de Irán, se sacó el ESTA y entró en EEUU sin problemas. Conozco a otra persona que tenía estampado el visado de Irán en su pasaporte y viajaba desde un país a otro haciendo escala en los EEUU y no la dejaron ni facturar, tuvo que cambiar de itinerario comprando otro billete de avión para no pasar por los EEUU.

Supongo que los sistemas informáticos de los EEUU no llegan hasta el punto de saber todas las personas que han visitado Irán, aunque sí deben conocer a aquellos, como yo, que hemos tenido una larga e intensa relación con ese país. Yo, desde luego, seguiría la norma en todos los casos por lo que pudiera ser.

Y hablando de sistemas informáticos, esta vez mientras estaba en la cola de inmigración del aeropuerto de San Francisco, el día 5 de enero, cansada después de muchas horas de vuelo, se colgaron los ordenadores que manejaban los funcionarios de inmigración y tuvimos que esperar más de una hora hasta que se volvieron a poner en marcha. Los viajeros sentados por el suelo. En San Francisco, al lado de Silicon Valley, donde están los máximos cerebros de la informática y las empresas informáticas más importantes del mundo, también se les cuelgan los ordenadores. 

19.10.16

Moharram, Ashura, la Semana Santa iraní



Como hace poco que han pasado las conmemoraciones del Moharram en todo el mundo chiíta y especialmente en Irán, y para informar a los lectores, copio unas páginas de mi libro "La Cueva de Alí Babá, Irán día a día" que tienen relación con este tema y aprovecho para ilustrarlo con imágenes de los personajes principales del drama, procedentes de cuadros pintados sobre cristal de la época Qajar (XVIII y XIX) de la colección de Jahangir Kazerouni y Ferial Salanshour.


Un cliente de La Cueva de Alí Babá, tienda de alfombras de Isfahán, me pregunta si estaba ya en Irán durante el Ta’asou’a y el Ashura, noveno y décimo día del mes lunar de Moharram, en que se conmemora la pasión y muerte del emam Hossein, nieto de Mahoma e hijo de Fatmá y Alí, y de su familia. 
-Estaba precisamente en Teherán, le digo, viajé allí desde Isfahán para pasar esos días de fiesta en casa de unos amigos. 
–Por favor, me responde, no escriba sobre ello pues daría la imagen de un país, Irán, bárbaro e inculto, yo rezo y voy a la mezquita pero no me gustan esas muestras de fervor popular, es sólo una parte marginal de la sociedad iraní la que mantiene ese tipo de religiosidad. 
Le cuento cuán parecido es todo lo referente al Ashura en Irán a la Semana Santa en el sur de España, las procesiones acompañadas con músicas de trompetas y tambores, la emoción popular rayana a la histeria y a las lágrimas. Le digo también que se ha transformado en una atracción turística de primer orden como le pronostico ocurrirá pronto en Irán, y lo que le estoy contando es para él un descubrimiento insospechado. Incluso en Cataluña se representa la pasión de Jesucristo de manera popular, en los pueblos, alguno de los cuales llega a tener un teatro exclusivamente dedicado a esta representación (La passió d’Olesa), le explico y  me mira con cara incrédula y pensativa.
-Tendré que empezar a reconsiderar todo mi esquema mental, concluye. 


Relanzadas con fuerza por el fervor revolucionario, las conmemoraciones del martirio del emam Hossein forman parte del imaginario musulmán chiíta. De los doce imanes del chiísmo duodecimano, rama del Islam mayoritaria en Irán,  Hossein es el tercero. La historia del desastre es la siguiente: En el año 680, cincuenta y ocho después de la Hégira, la rivalidad entre sunitas, seguidores de los Omeyas en el poder y chiítas o partidarios de Alí, yerno del profeta, llegó a tal punto que hizo el cisma irreconciliable. Y el punto culminante fue la batalla de Kerbala. En el mes lunar de moharram, Hossein con su familia avanzaba al frente de una expedición cuyo objetivo era destronar al califa de Bagdad, Yazid, ilegalmente impuesto, cruel e injusto. La expedición fue interceptada por el ejército del califa en la llanura desértica de Kerbala. Los chiítas fueron allí mismo cruelmente torturados y murieron de sed o fueron pasados por la espada. El mismo Hossein murió a manos del jefe del ejército califal, Shemr, el personaje más odiado por los musulmanes chiítas. Las representaciones de la pasión, Tazié, tienen lugar en parques públicos o en recintos especialmente habilitados para esta ocasión y los actores acostumbran a ser la gente del pueblo, o del barrio si se trata de grandes ciudades.


 Pierre Loti y otros escritores que habían viajado por Persia en el siglo XIX y principios XX cuentan que se guardaba un luto estricto durante estas fechas conmemorativas y que se producían momentos de catarsis durante el Tazié en que todos los espectadores terminaban llorando con grandes aspavientos de dolor. Lo que vi hace un par de semanas en Teherán era sólo una fiesta. Ciertamente muchos hombres y mujeres vestían de riguroso negro para salir a la calle pero me ha parecido más una cuestión estética que de duelo sentido y he llegado a la conclusión de que les gusta el negro: los hombres se ven interesantes de negro y los jóvenes en grupo, camisa negra, pantalón negro y gafas supermodernas de sol, negras y espejeantes, presumen más que nunca ante los grupos de chicas. En el centro y norte de Teherán, los niños de casa bien iraníes, sólo chicos juntos evidentemente, circulan embutidos llenando coches y recorren las calles presumiendo en busca de miradas de complicidad y de admiración de las chicas, eso sí vestidos de negro, con el cassette a todo volumen bum, bum, bum, música rap persa de allende los mares, clara provocación a las fuerzas de control de la moralidad pública y que a veces termina en la comisaría. También hay algún coche con chicas pero menos. Son días de fiesta, las familias y los amigos más próximos se visitan en incesantes idas y venidas. Mi visión de aquellos días se circunscribe a la ciudad de Teherán y en ella a Yusef Abad, barrio situado entre el sur de los pobres y el norte de los ricos, donde viven las clases medias. Mis amigos que viven en el barrio y en cuya casa me alojo, dicen que es la zona más animada de Teherán durante esos días, sobre todo a la hora del nasrí. Se trata de preparar y repartir comida como consecuencia de una promesa. En principio estaba dedicada a los pobres pero ahora se ha transformado en comida para todos los que pasan. Y en Yusef Abad la gente no es tan rica como para no creer en nada, ni tan pobre como para no poder comprar comida para dar a los que pasan, me dice Djamshid. Se trata de cocinar en casa o en la calle, también hay quien tiene bebidas o dulces, y ofrecerlas a los amigos, vecinos y viandantes en general. Cerca de nuestra casa un grupo de hombres sudorosos sentados en sendos taburetes alrededor de una mesa sobre la acera, se afanan en cortar a dados unas grandes piezas de carne. A su lado hay montones de verduras ya cortadas. A lo largo de la calle han dispuesto sobre trípodes una hilera de enormes recipientes de cobre y debajo de cada uno el correspondiente fogón conectado a una bombona de butano.  De los árboles que bordean la acera han colgado banderas rojas y negras y estandartes con escritos en oro, de estos uno muestra a Alí sobre el caballo blanco encabritado enarbolando con el brazo en alto su espada bífida, la espada del Islam chiíta. Hileras de lucecitas de colores completan el escenario.  De la casa contigua entran y salen más hombres y, de vez en cuando alguna mujer asoma la cabeza, la puerta está abierta de par en par. Por una ventana se ve una cocina llena de mujeres riendo y trajinando. Parecen malcarados a primera vista estos hombres tan negros y con barba de varios días que recitan a voces oraciones dedicadas a Allah mientras cocinan, pero me reciben amablemente y hablan con nosotros tan contentos.  Se trata de un grupo de amigos y vecinos que decidieron unir esfuerzos y presupuestos a la hora de cumplir con su nasrí. Hoy prepararán y repartirán halvá, un dulce hecho con harina, grasa, azúcar y azafrán, cocinarán la carne durante la noche y la repartirán mañana. Mientras los del halvá daban vueltas con grandes cucharas de palo a la masa que se iba espesando en las cazuelas, una hilera de gentes se formaba a lo largo de la calle. Cada uno con su recipiente dispuesto a que se lo llenaran.


Más mujeres y algún hombre van llegando de todas partes con cazuelas y se las van llenando. Nosotros, los miembros de la familia que me hospeda y yo, éramos en total diez mujeres más dos hombres, hemos conseguido varias cazuelas llenas en medio de un guirigay tremendo. Uno de los cocineros me ha dicho cuando ha visto que tenía un pellizco de halvá entre los dedos y estaba a punto de metérmelo en la boca que antes de probarlo pensara un deseo y me ha dado su dirección para que le escriba si se cumple durante el próximo año. El cuñado de mi anfitrión me ha dado un billete nuevo de quinientos reales y ha escrito en él para Ana, dust-e-azizam, mi querida amiga, lo debo guardar todo el año y gastarlo el año próximo, así me dará suerte.


Las cocinas de las casas que invitan no paran durante toda la noche, hemos visitado varias de ellas. Los familiares y seguidores del emâm Hossein y él mismo sufrieron de sed y de hambre en la llanura desértica de Kerbala, pidieron ayuda a las gentes un pueblo cercano y no les ayudaron, de ahí las promesas y las comidas del día de hoy. Hay casas que ofrecen nasrí todos los años. Hay empresarios que lo hacen para sus empleados y para la gente pobre del barrio donde está ubicada la fábrica o el negocio. Mi amigo Gholamalí de Mashad lleva diez años ofreciendo quinientas raciones en esa fecha. Los hombres del halvá nos han dicho que nos esperan mañana a la una para comer carne con arroz. En la puerta de una de las casas del barrio había una vaca viva, la iban a sacrificar y cocinar durante la noche. Para los jóvenes ésta es una gran noche, los padres se quedan en casa cocinando o salen a la calle para visitar a los que cocinan. Ellos aprovechan para salir en grupo o por parejas, tienen la oportunidad de entablar conversación con otros jóvenes, incluso desconocidos, entre el tumulto de un nasrí o entre el público que presencia el paso de una procesión. Podrán intercambiar los números de teléfono o quedar para el día siguiente, que también será fiesta y en Irán, de noche, todos los gatos son pardos, como en todas partes.


Por la tarde hemos ido a ver el Tazié en un parque del barrio que tiene unas gradas semicirculares de cemento al aire libre. Mujeres y hombres de todas las edades ocupaban las gradas y los alrededores del teatrillo. El sol caía a plomo sobre el recinto y las sombras de los actores se recortaban en el cemento del suelo. La organización corría a cargo de una cofradía con sede en una calle cercana y los actores eran estudiantes y profesores de una escuela de teatro y cine del barrio. Debajo de un gran sauce y casi escondida entre sus ramas lloronas una orquestina formada por tres trompetas y dos tambores llenaba el ambiente con una música estridente y machacona mientras los personajes vestidos al estilo árabe con dorados y colorines de baratillo y los micrófonos al máximo volumen iban y venían, y se desgañitaban. Nadie entre público daba señales de sentir nada ante el espectáculo, simplemente se distraían y pasaban la tarde de un día de fiesta. Una hilera de niños sentados en el suelo a primera fila seguía la actuación en silencio y con las bocas abiertas.


Ya de noche hemos asistido al paso de varios dastés, procesiones encabezadas por andas llevadas a hombros con la efigie del emam Hossein  y penachos de colores, seguidas de penitentes que sin demasiado ímpetu se van flagelando con cadenas al ritmo del redoble de los tambores. Todos muchachos muy jóvenes, todos vestidos de negro avanzando en la noche e interpretando una danza monótona e  inacabable. Cabezas empavonadas de brillantina o de sudor dejan brillar sus rizos negros al pasar bajo los focos de la calle, y rayos de miradas oscuras sin fondo son cortados periódicamente por ramilletes de cadenas que chasquean al compás de los tambores. Al final de la procesión van, como de paseo, los viejos, las mujeres y los niños; los hay con cadenitas, también las  niñas, que se lo toman como un juego. Supongo que en el sur de Teherán y también en los pueblos todo debe ser más trágico. Aquí es una fiesta.


A las seis de la mañana siguiente trajeron halim, una sopa espesa preparada con sémola de trigo y carne. La hemos tomado para desayunar aderezada con canela, azúcar y un poco de sal que sirve para realzar el gusto dulce, me dicen. Es un plato muy alimenticio, se come en invierno sobre todo en el Azerbaiján, la zona turca de Irán al noroeste del país. Allí, me cuentan, lo comían todos los días y la madre de Djamshid dice que cuando los niños eran pequeños y se desayunaba con halim, aquel día ya no se almorzaba, sólo se cenaba. 

Hemos paseado en coche pues debíamos recoger el nasrí de unos amigos que todos los años avisan. Por las calles había nasrí en muchas casas, chiringuitos montados a la puerta, a veces sólo de niños que repartían fanta en vasos de plástico a los viandantes sobre una mesa de plástico, en algunas se hacían colas a lo largo de las aceras, las mujeres hacia un lado y los hombres hacia el otro. Djamshid dice que de esta manera una sola familia puede llenar dos cazuelas, “hombres y mujeres separados: doble oportunidad”. También dice que cuando oiga nombrar a Hossein me acerque corriendo porque significa que habrá celebración y comida y que si oigo nombrar a Alí huya deprisa porque nunca viene nada bueno de él, sólo palos. Los amigos de Djamshid organizaban el nasrí en un local de la periferia de Teherán que había sido una escuela que se quemó y está casi en ruinas. Allí han llevado toda la comida. Djamshid me comenta que como son ricos no cocinan en su casa sino que han encargado a un servicio de catering nada menos que mil kababs. Repartían chelo kabab, brochetasde carne de cordero con arroz, ese sí que es un nasrí de categoría. Los anfitriones son constructores y allí estaban el abuelo, sus hijos y sus nietos entregando cuencos de plástico con arroz y pincho de carne cubierto por un rectángulo de pan, a todos los que se presentaban. Aquí no hacía falta ni traer la cazuela. En la cola había gente de todas clases, desde mujeres elegantes y hombres con traje que llegaban en coche hasta familias muy humildes, incluso había unos cuantos hombres que parecían vagabundos con el cabello embarullado, la ropa rota y los pies descalzos. De regreso a casa las avenidas de la ciudad estaban embotelladas pues por todas partes aparecían dastés, las procesiones de flagelantes con sus estandartes y su música con redoble de tambores. Era un día de primavera luminoso y las calles de Teherán estaban llenas de paseantes y de coches. Al final de cada calle o a la vuelta de cada esquina, sobre un mar oscuro de cabezas, se bamboleaban los penachos multicolores de los estandartes mientras en mis oídos entraban, se cruzaban y acoplaban diferentes pistas de redobles y trompetas. Semana Santa iraní.


Por la noche se encienden velas en los umbrales de las puertas, es la noche del sham e ghaliban o de la luz de los desamparados, las mujeres en Kerbala, se han quedado solas velando a todos sus muertos después de la batalla.

En la casa donde me alojo hay dos televisores situados uno al lado del otro sobre una mesa auxiliar alargada y baja de la que penden tapetes bordados. Frente a ellos un sofá y en el sofá, sentados, la abuela de la familia y su hijo. Cada uno mira un televisor distinto pues los dos están encendidos. La abuela en el de la izquierda sigue el sermón sobre el martirio de Hossein que tiene lugar en directo desde el mausoleo del emam Jomeini ante cientos de fieles. En el de la derecha el hijo se distrae viendo un partido de fútbol. El volumen está alto en ambos televisores y se mezcla la sed de los seguidores de Hossein con los goles de la selección iraní.


Yo me siento en un sillón lateral y contemplo la escena té en mano. Un experto en recitar la muerte del santo lleva a los asistentes al paroxismo. Lloran más y más a medida que aumenta la tensión y se acerca el momento del martirio.

 -Les encanta, -me dice el que está mirando el fútbol, -el clero con estas historias tiene siempre a unos miles de hombres dispuestos a entrar en guerra o a autoinmolarse en el momento en que lo consideren necesario, fíjate en las caras; con sólo una orden se pondrían todos en pie y correrían a cumplir lo que les mandaran.

Su madre que sigue atentamente con el pañuelo en la cabeza lo que ocurre en el desierto de Kerbala mientras ve cómo lloran y se desgañitan los asistentes a la ceremonia, ni rechista, se sabe de memoria las ideas de su hijo y considera que no vale la pena intervenir, si lo hace se perderá parte del sermón que es emocionante. El sermoneador es uno de los mejores de Irán y está llegando al climax, teshné teshné (sed sed) grita cada vez más alto y cada persona llora por sus desgracias, por su soledad, se saca los demonios de encima, se desprende de sus tristezas, deja que se le ablande el corazón, que se lo lleve la emoción hasta lo más profundo de su ser, da rienda suelta a los sentimientos sin avergonzarse, acompañada de muchas otras que hacen lo mismo. Mientras en la otra pantalla Alí Daí, el mejor jugador de la selección nacional iraní ha marcado un gol. Nacido en Ardebil, ciudad del Azerbaiján, Alí Daí es un héroe nacional. Las dos caras de Irán, una come y se divierte, la otra se flagela y llora. Muchas veces esas dos caras van juntas.

25.8.16

Los pioneros del té (2). Los jardines de té de Darjeeling



A mediados de la década de 1850 se inició el cultivo de té en Darjeeling, una región montañosa situada al noreste de la India. Los trabajadores eran nepalíes, los ghorkas, y hoy siguen siendo ellos los que trabajan en la industria del té, a la zona la denominan Ghorkaland. 


Hasta que se construyó la carretera y el ferrocarril, los porteadores a pie o a caballo transportaban la carga por caminos difíciles de transitar, montaña abajo hasta Siliguri y luego por el río o por carretera llegaba al puerto de Calcuta. Pero entre 1861 y 1869 se construyeron dos carreteras que se van cruzando hasta 132 veces y que siguen siendo hoy en día una maravilla de la ingeniería de montaña. Poco después se construiría el Darjeeling Himalayan Railway, uno de los trenes más maravillosos del mundo que se desplaza desde Siliguri hasta la ciudad de Darjeeling siguiendo el trazado de la carretera.

Para iniciar el cultivo hubo que talar la selva y que luchar contra los osos, los tigres y las cobras, con la azada y los pies descalzos. Era un trabajo durísimo y muy peligroso.


En la actualidad el té constituye una industria floreciente en la India. Como es un país consumidor, solamente exporta un 20% de su producción, el resto se distribuye en el mercado interior. 
Las regiones frías del nordeste de la India solamente producen de marzo a diciembre, en cambio las que están cerca del ecuador como el Sur de la India, Sri Lanka (Ceylán), Uganda o Indonesia, recogen durante todo el año.


Para visitar las plantaciones de unos amigos de Calcuta, en 2009 volé a Siliguri y desde allí por la carretera que asciende hasta Darjeeling llegué a la casa donde se alojan durante parte del año, situada muy cerca de la estación de Gayabari, del famoso tren. Las fotografías de la casa dan una idea más apurada que cualquiera de mis explicaciones.


En el Hindustan Times hay una sección titulada Tea Times donde se dan las cotizaciones del día anterior. Especifican tres categorías: CTC, es decir, cut, tear and curl (cortar, rasgar y rizar), Orthodox y Dust. Las dos primeras son maneras diferentes de procesar las hojas y Dust, como su nombre en inglés indica, es el polvo resultante, mucho más barato. Los ingleses más estrictos solo compran Orthodox y dicen que el CTC es para los supermercados, en cambio en Orienté Medio les gusta el CTC. No por ello el Orthodox es siempre más caro que el CTC, pues todo depende del lugar de procedencia, de la época del año, de la partida.


Una de las plantaciones de los amigos que visité, jardines de té les llaman ellos, ocupaba 1500 Ha., producía 1,5 millones de kilos al año, tenía 1500 trabajadores que vivían en la plantación con sus familias lo cual representaba una población de 6000 personas. Había escuela primaria, 1 médico, 3 enfermeras, 2 comadronas y habían organizado un teaching family plan para conseguir que las familias no tuvieran más de 3 hijos. Los trabajadores no tenían seguridad social estatal pero la educación y la salud de la comunidad era responsabilidad de los dueños de la plantación, que en este caso y posiblemente una excepción, forman parte de la sociedad culta de Calcuta, seguidores de las enseñanzas humanistas de Rabindranath Tagore. También tenían organizado un plan para la jubilación. 


Según me contaron, hace años había salarios de niños, de adolescentes y de adultos, después quedaron los de adolescentes y adultos y desde hace un tiempo solo se contratan trabajadores mayores de 18 años. 
Los campos de té que visité estaban en un terreno plano y había árboles que proporcionaban sombra a las plantas. Las mujeres recogían las tres hojas finales de cada rama, unos 26 kg por persona y día.


Los colores de sus sacos de tela a la espalda y sostenidos desde la cabeza eran rosa, malva, azul cielo, blanco, y vistos desde la lejanía eran puntos de color en una inmensidad verde brillante.
Esté té se manda, una vez procesado, a Siliguri para ser subastado. En la India hay seis centros de subastas desde que se iniciaron en 1861 en Calcuta (hoy Kolkata), en Guwahati, Cochin, Coonoor, Coimbratore, Calcuta y Siliguri. En el resto del mundo las hay en Colombo, Chittagong, Mombasa, Yakarta y Limbe. Las subastas de Londres se clausuraron en 1998, después de 300 años, porque hoy en día ya no tenían razón de ser. Ahora se celebran cerca de los lugares de producción debido a la facilidad para desplazarse, sin embargo todo está cambiando puesto que ya hay subastas en Internet.


De regreso a Calcuta asistí a un día de subastas en J. THomas & Co. Desde una tribuna acristalada de un piso superior veía la sala en semicírculo y escalonada donde los compradores alemanes, ingleses, rusos, americanos, japoneses e iraníes, algunos de grandes empresas como Unilever o Tata Tea, pujaban por las partidas que les interesaban. Unos días antes habían recibido en sus respectivas empresas las muestras, siempre en bolsas de papel. 

Los catadores de té, no tragan el sorbo sino que lo escupen. Algunos de ellos se precian de saber a ojo vendado no sólo de qué región procede el té probado sino afinar hasta acertar el garden de procedencia y qué tiempo hacía cuando tuvo lugar la recolección.


Debido a que la calidad de la hoja india varia según la estación del año, las empresas empezaron a comercializar sus marcas (label) preparadas con mezclas de diferentes cosechas (brand) y así conseguían un sabor constante y ahí reside el arte de los catadores.

 Después de la Segunda Guerra Mundial el comercio del té se encontró con un importante competidor, el café soluble. Fue entonces cuando apareció la bolsita de té, una manera mucho más fácil de prepararlo, que cambió, sin embargo, el sabor y la naturaleza de esta popular bebida. 


22.8.16

Los pioneros del té una aventura épica (1)



El té es la bebida más popular en el mundo. Desde Rusia hasta el sur de África y desde la costa oeste de América hasta el lejano Oriente.
La planta es la Camelia Sinensis que para vivir necesita lluvia abundante y una tierra ácida.
Los habitantes del mundo occidental acostumbran a beber té negro mientras el té verde es el preferido de los asiáticos.
Los mayores productores  de té negro son India, Sri Lanka, Indonesia y Africa, mientras que Japón y China son los campeones en té verde. El Reino Unido sigue siendo el mayor importador de té del mundo, sus habitantes beben una media de tres tazas y media al día. La mitad de la población del mundo bebe té.
Ya en el siglo VIII China exportaba té a sus vecinos Tíbet y Mongolia por medio de porteadores y después, a finales del siglo XVII, a Rusia con caravanas de camellos que atravesaban el desierto de Gobi  y las grandes llanuras rusas. A Japón llegó el té desde China en el siglo XII.
Lo interesante del té es el proceso por el cual desde los antiguos cultivadores en China y Japón pasó a los pioneros británicos que, a finales de la década de 1830, se adentraron en las junglas de la India e iniciaron un nuevo sistema de cultivo, las Plantaciones, en competencia con China.


Desde el tiempo en que el progreso de la tecnología marina hizo posible explorar los mares, los europeos intentaron establecer contacto comercial con China, poseedora según se imaginaban de exquisitos tesoros.
Los portugueses llegaron a aguas chinas a principios del siglo XVI. A finales del siglo XVII la Compañía Inglesa de las Indias Orientales inició el comercio con China.
El primer té hllegó a Europa, Holanda, Francia y Alemania, hacia 1610 con los barcos holandeses. Pronto llegó también a Inglaterra. 


En 1650 empezaron a abrirse cafeterías en Londres y una de ellas, la Garraway’s Cofee House, inició la venta del té chino a la vez que publicitaba sus grandes cualidades. Y pronto sustituyó al café como bebida nacional en las Islas Británicas, al revés de lo que ocurriría en América aunque este sería un tema para otro artículo.
Desde 1700 los comerciantes extranjeros estaban confinados en Cantón con unas rígidas restricciones impuestas a través de los Co-hong, una casta de comerciantes chinos que ejercían de agencia entre los comerciantes extranjeros y los chinos y debían cobrar unos importantes impuestos que luego pagaban a las autoridades chinas.
En el siglo XVIII la Compañía inglesa exportaba telas de lana británicas y algodones de la India a cambio de té chino, porcelana y seda. Pronto las importaciones de té fueron las más importantes de la balanza comercial británica. También se redujeron las exportaciones a China y la balanza comercial británica se vio desfavorecida. Debían pues pagar la parte del té restante con plata que era escasa, lo que obligó a los británicos a buscar algo que compensara las pérdidas y les diera beneficios: el opio. El opio estaba prohibido en China y la Compañía británica no comerció directamente con él sino que dejó que lo hicieran empresas privadas pero sí fue responsable de su cultivo y procesamiento a gran escala en India.


En la tercera década del siglo XIX se hizo evidente que el tráfico de opio era el negocio más lucrativo y quizá el único lucrativo para algunas empresas británicas que operaban el el sudeste asiático. En esta época el opio invadía el mercado negro chino y, como es de suponer, se convirtió en el tema de máxima preocupación del gobierno chino. Un funcionario de Cantón, el comisionado Lin, ordenó la confiscación de unas veinte mil cajas de opio de los barcos británicos y se negó a pagar indemnizaciones. Este incidente indignó a los comerciantes occidentales que tenían como bandera el libre comercio, aunque se tratara de comerciar con un producto nefasto. Como consecuencia tuvo lugar la primera Guerra del Opio en 1840 que duró dos años y terminó con un tratado que obligaba a los chinos a ceder Hong Kong a los británicos por un período de 150 años, abrir cinco puertos chinos a los comerciantes extranjeros e indemnizar a los que habían sido perjudicados.


Hacia 1850 apareció en escena un nuevo modelo de nave, hermosa y veloz, “la dama elegante de los mares” la llamaban. Eran los clipper. A finales de abril recolectaba la primera cosecha de té en China, la más apreciada y esperada, pero hasta primeros de junio los clippers no estaban cargados. Entonces, ya estibados, emprendían una carrera sin cuartel por los mares embravecidos y peligrosos hasta llegar a Londres donde el primero en llegar recibiría un premio en metálico por tonelada de té aportada. Tardaban 100 días o más.  En la época victoriana la carrera de clippers cargados con la primera cosecha de té de China a Londres era seguida anualmente desde la metrópoli con entusiasmo. La llegada de los clippers Ariel y Taeping en 1866 , al mismo tiempo, fue emocionante.

    Ariel and Taeping, por Jack Spurling

Aparte de la primera cosecha, la más apreciada, había tres más siempre en verano.
Cuando se abrió el Canal de Suez en 1869, el mundo de los clippers quedó fuera de combate y acabó de darle la puntilla la entrada en escena de los barcos de vapor. Los nuevos vapores por el Canal tardaban solo 44 días frente a los 100 de los clippers más veloces que tenían que pasar por el Cabo de Buena Esperanza.
La Compañía Inglesa de las Indias Orientales fue la empresa más poderosa que jamás ha existido, si hoy en día uniéramos las más importantes multinacionales, no llegarían a tener el poder que detentó aquella. Estaba formada solo por comerciantes pero poseía más de cien navíos que estaban tan bien armados como los de la Royal Navy. Su poder político era indiscutible de 1600 a 1859.
Mientras tuvo el monopolio del comercio del té cuya demanda aumentaba exponencialmente, no había porque preocuparse pero en 1833 se abolió el monopolio. Para entonces, sin embargo, la Compañía ya había iniciado el cultivo del té en India y podía competir con la mismísima China.


La implantación del cultivo del té en India fue una aventura extraordinaria por parte de los británicos. Desde mediados del siglo XVIII, los botánicos se dieron cuenta de que las plantas y las semillas valían tanto como el oro pues podían transportarse de un continente a otro y eran esenciales para la prosperidad del Imperio Británico, así se iniciaron los cultivos de café, de caucho, de té y otros.
La Compañía mandó en 1935 a G. J. Gordon a China con la misión de obtener semillas de té (Camellia sinensis) y chinos conocedores de los secretos de su cultivo y manufactura, aunque fuera con tretas poco edificantes. Ese mismo año en India descubrieron plantas silvestres de auténtico té (Camellia assamica) en las selvas de Assam. Al año siguiente Gordon llegó al puerto de Calcuta con ochenta mil semillas que fueron depositadas para su cultivo en el Jardín Botánico de la ciudad. Así empezaron dos tipos de cultivo del té en India, el del té chino resultante de las semillas importadas o mejor dicho robadas, y el del té autóctono recién descubierto en Assam, región selvática prácticamente inaccesible.


Fue una aventura épica que dio como resultado el fin de la supremacía china en el comercio del té pues sus métodos de cultivo, que no habían cambiado en siglos, no pudieron competir con los nuevos métodos extensivos y la manufactura con maquinaria moderna que aportaron los británicos. En solo 30 años los británicos modernizaron una industria que había permanecido inmóvil durante siglos.