BLOG DE ANA M. BRIONGOS


19.10.16

Moharram, Ashura, la Semana Santa iraní



Como hace poco que han pasado las conmemoraciones del Moharram en todo el mundo chiíta y especialmente en Irán, y para informar a los lectores, copio unas páginas de mi libro "La Cueva de Alí Babá, Irán día a día" que tienen relación con este tema y aprovecho para ilustrarlo con imágenes de los personajes principales del drama, procedentes de cuadros pintados sobre cristal de la época Qajar (XVIII y XIX) de la colección de Jahangir Kazerouni y Ferial Salanshour.


Un cliente de La Cueva de Alí Babá, tienda de alfombras de Isfahán, me pregunta si estaba ya en Irán durante el Ta’asou’a y el Ashura, noveno y décimo día del mes lunar de Moharram, en que se conmemora la pasión y muerte del emam Hossein, nieto de Mahoma e hijo de Fatmá y Alí, y de su familia. 
-Estaba precisamente en Teherán, le digo, viajé allí desde Isfahán para pasar esos días de fiesta en casa de unos amigos. 
–Por favor, me responde, no escriba sobre ello pues daría la imagen de un país, Irán, bárbaro e inculto, yo rezo y voy a la mezquita pero no me gustan esas muestras de fervor popular, es sólo una parte marginal de la sociedad iraní la que mantiene ese tipo de religiosidad. 
Le cuento cuán parecido es todo lo referente al Ashura en Irán a la Semana Santa en el sur de España, las procesiones acompañadas con músicas de trompetas y tambores, la emoción popular rayana a la histeria y a las lágrimas. Le digo también que se ha transformado en una atracción turística de primer orden como le pronostico ocurrirá pronto en Irán, y lo que le estoy contando es para él un descubrimiento insospechado. Incluso en Cataluña se representa la pasión de Jesucristo de manera popular, en los pueblos, alguno de los cuales llega a tener un teatro exclusivamente dedicado a esta representación (La passió d’Olesa), le explico y  me mira con cara incrédula y pensativa.
-Tendré que empezar a reconsiderar todo mi esquema mental, concluye. 


Relanzadas con fuerza por el fervor revolucionario, las conmemoraciones del martirio del emam Hossein forman parte del imaginario musulmán chiíta. De los doce imanes del chiísmo duodecimano, rama del Islam mayoritaria en Irán,  Hossein es el tercero. La historia del desastre es la siguiente: En el año 680, cincuenta y ocho después de la Hégira, la rivalidad entre sunitas, seguidores de los Omeyas en el poder y chiítas o partidarios de Alí, yerno del profeta, llegó a tal punto que hizo el cisma irreconciliable. Y el punto culminante fue la batalla de Kerbala. En el mes lunar de moharram, Hossein con su familia avanzaba al frente de una expedición cuyo objetivo era destronar al califa de Bagdad, Yazid, ilegalmente impuesto, cruel e injusto. La expedición fue interceptada por el ejército del califa en la llanura desértica de Kerbala. Los chiítas fueron allí mismo cruelmente torturados y murieron de sed o fueron pasados por la espada. El mismo Hossein murió a manos del jefe del ejército califal, Shemr, el personaje más odiado por los musulmanes chiítas. Las representaciones de la pasión, Tazié, tienen lugar en parques públicos o en recintos especialmente habilitados para esta ocasión y los actores acostumbran a ser la gente del pueblo, o del barrio si se trata de grandes ciudades.


 Pierre Loti y otros escritores que habían viajado por Persia en el siglo XIX y principios XX cuentan que se guardaba un luto estricto durante estas fechas conmemorativas y que se producían momentos de catarsis durante el Tazié en que todos los espectadores terminaban llorando con grandes aspavientos de dolor. Lo que vi hace un par de semanas en Teherán era sólo una fiesta. Ciertamente muchos hombres y mujeres vestían de riguroso negro para salir a la calle pero me ha parecido más una cuestión estética que de duelo sentido y he llegado a la conclusión de que les gusta el negro: los hombres se ven interesantes de negro y los jóvenes en grupo, camisa negra, pantalón negro y gafas supermodernas de sol, negras y espejeantes, presumen más que nunca ante los grupos de chicas. En el centro y norte de Teherán, los niños de casa bien iraníes, sólo chicos juntos evidentemente, circulan embutidos llenando coches y recorren las calles presumiendo en busca de miradas de complicidad y de admiración de las chicas, eso sí vestidos de negro, con el cassette a todo volumen bum, bum, bum, música rap persa de allende los mares, clara provocación a las fuerzas de control de la moralidad pública y que a veces termina en la comisaría. También hay algún coche con chicas pero menos. Son días de fiesta, las familias y los amigos más próximos se visitan en incesantes idas y venidas. Mi visión de aquellos días se circunscribe a la ciudad de Teherán y en ella a Yusef Abad, barrio situado entre el sur de los pobres y el norte de los ricos, donde viven las clases medias. Mis amigos que viven en el barrio y en cuya casa me alojo, dicen que es la zona más animada de Teherán durante esos días, sobre todo a la hora del nasrí. Se trata de preparar y repartir comida como consecuencia de una promesa. En principio estaba dedicada a los pobres pero ahora se ha transformado en comida para todos los que pasan. Y en Yusef Abad la gente no es tan rica como para no creer en nada, ni tan pobre como para no poder comprar comida para dar a los que pasan, me dice Djamshid. Se trata de cocinar en casa o en la calle, también hay quien tiene bebidas o dulces, y ofrecerlas a los amigos, vecinos y viandantes en general. Cerca de nuestra casa un grupo de hombres sudorosos sentados en sendos taburetes alrededor de una mesa sobre la acera, se afanan en cortar a dados unas grandes piezas de carne. A su lado hay montones de verduras ya cortadas. A lo largo de la calle han dispuesto sobre trípodes una hilera de enormes recipientes de cobre y debajo de cada uno el correspondiente fogón conectado a una bombona de butano.  De los árboles que bordean la acera han colgado banderas rojas y negras y estandartes con escritos en oro, de estos uno muestra a Alí sobre el caballo blanco encabritado enarbolando con el brazo en alto su espada bífida, la espada del Islam chiíta. Hileras de lucecitas de colores completan el escenario.  De la casa contigua entran y salen más hombres y, de vez en cuando alguna mujer asoma la cabeza, la puerta está abierta de par en par. Por una ventana se ve una cocina llena de mujeres riendo y trajinando. Parecen malcarados a primera vista estos hombres tan negros y con barba de varios días que recitan a voces oraciones dedicadas a Allah mientras cocinan, pero me reciben amablemente y hablan con nosotros tan contentos.  Se trata de un grupo de amigos y vecinos que decidieron unir esfuerzos y presupuestos a la hora de cumplir con su nasrí. Hoy prepararán y repartirán halvá, un dulce hecho con harina, grasa, azúcar y azafrán, cocinarán la carne durante la noche y la repartirán mañana. Mientras los del halvá daban vueltas con grandes cucharas de palo a la masa que se iba espesando en las cazuelas, una hilera de gentes se formaba a lo largo de la calle. Cada uno con su recipiente dispuesto a que se lo llenaran.


Más mujeres y algún hombre van llegando de todas partes con cazuelas y se las van llenando. Nosotros, los miembros de la familia que me hospeda y yo, éramos en total diez mujeres más dos hombres, hemos conseguido varias cazuelas llenas en medio de un guirigay tremendo. Uno de los cocineros me ha dicho cuando ha visto que tenía un pellizco de halvá entre los dedos y estaba a punto de metérmelo en la boca que antes de probarlo pensara un deseo y me ha dado su dirección para que le escriba si se cumple durante el próximo año. El cuñado de mi anfitrión me ha dado un billete nuevo de quinientos reales y ha escrito en él para Ana, dust-e-azizam, mi querida amiga, lo debo guardar todo el año y gastarlo el año próximo, así me dará suerte.


Las cocinas de las casas que invitan no paran durante toda la noche, hemos visitado varias de ellas. Los familiares y seguidores del emâm Hossein y él mismo sufrieron de sed y de hambre en la llanura desértica de Kerbala, pidieron ayuda a las gentes un pueblo cercano y no les ayudaron, de ahí las promesas y las comidas del día de hoy. Hay casas que ofrecen nasrí todos los años. Hay empresarios que lo hacen para sus empleados y para la gente pobre del barrio donde está ubicada la fábrica o el negocio. Mi amigo Gholamalí de Mashad lleva diez años ofreciendo quinientas raciones en esa fecha. Los hombres del halvá nos han dicho que nos esperan mañana a la una para comer carne con arroz. En la puerta de una de las casas del barrio había una vaca viva, la iban a sacrificar y cocinar durante la noche. Para los jóvenes ésta es una gran noche, los padres se quedan en casa cocinando o salen a la calle para visitar a los que cocinan. Ellos aprovechan para salir en grupo o por parejas, tienen la oportunidad de entablar conversación con otros jóvenes, incluso desconocidos, entre el tumulto de un nasrí o entre el público que presencia el paso de una procesión. Podrán intercambiar los números de teléfono o quedar para el día siguiente, que también será fiesta y en Irán, de noche, todos los gatos son pardos, como en todas partes.


Por la tarde hemos ido a ver el Tazié en un parque del barrio que tiene unas gradas semicirculares de cemento al aire libre. Mujeres y hombres de todas las edades ocupaban las gradas y los alrededores del teatrillo. El sol caía a plomo sobre el recinto y las sombras de los actores se recortaban en el cemento del suelo. La organización corría a cargo de una cofradía con sede en una calle cercana y los actores eran estudiantes y profesores de una escuela de teatro y cine del barrio. Debajo de un gran sauce y casi escondida entre sus ramas lloronas una orquestina formada por tres trompetas y dos tambores llenaba el ambiente con una música estridente y machacona mientras los personajes vestidos al estilo árabe con dorados y colorines de baratillo y los micrófonos al máximo volumen iban y venían, y se desgañitaban. Nadie entre público daba señales de sentir nada ante el espectáculo, simplemente se distraían y pasaban la tarde de un día de fiesta. Una hilera de niños sentados en el suelo a primera fila seguía la actuación en silencio y con las bocas abiertas.


Ya de noche hemos asistido al paso de varios dastés, procesiones encabezadas por andas llevadas a hombros con la efigie del emam Hossein  y penachos de colores, seguidas de penitentes que sin demasiado ímpetu se van flagelando con cadenas al ritmo del redoble de los tambores. Todos muchachos muy jóvenes, todos vestidos de negro avanzando en la noche e interpretando una danza monótona e  inacabable. Cabezas empavonadas de brillantina o de sudor dejan brillar sus rizos negros al pasar bajo los focos de la calle, y rayos de miradas oscuras sin fondo son cortados periódicamente por ramilletes de cadenas que chasquean al compás de los tambores. Al final de la procesión van, como de paseo, los viejos, las mujeres y los niños; los hay con cadenitas, también las  niñas, que se lo toman como un juego. Supongo que en el sur de Teherán y también en los pueblos todo debe ser más trágico. Aquí es una fiesta.


A las seis de la mañana siguiente trajeron halim, una sopa espesa preparada con sémola de trigo y carne. La hemos tomado para desayunar aderezada con canela, azúcar y un poco de sal que sirve para realzar el gusto dulce, me dicen. Es un plato muy alimenticio, se come en invierno sobre todo en el Azerbaiján, la zona turca de Irán al noroeste del país. Allí, me cuentan, lo comían todos los días y la madre de Djamshid dice que cuando los niños eran pequeños y se desayunaba con halim, aquel día ya no se almorzaba, sólo se cenaba. 

Hemos paseado en coche pues debíamos recoger el nasrí de unos amigos que todos los años avisan. Por las calles había nasrí en muchas casas, chiringuitos montados a la puerta, a veces sólo de niños que repartían fanta en vasos de plástico a los viandantes sobre una mesa de plástico, en algunas se hacían colas a lo largo de las aceras, las mujeres hacia un lado y los hombres hacia el otro. Djamshid dice que de esta manera una sola familia puede llenar dos cazuelas, “hombres y mujeres separados: doble oportunidad”. También dice que cuando oiga nombrar a Hossein me acerque corriendo porque significa que habrá celebración y comida y que si oigo nombrar a Alí huya deprisa porque nunca viene nada bueno de él, sólo palos. Los amigos de Djamshid organizaban el nasrí en un local de la periferia de Teherán que había sido una escuela que se quemó y está casi en ruinas. Allí han llevado toda la comida. Djamshid me comenta que como son ricos no cocinan en su casa sino que han encargado a un servicio de catering nada menos que mil kababs. Repartían chelo kabab, brochetasde carne de cordero con arroz, ese sí que es un nasrí de categoría. Los anfitriones son constructores y allí estaban el abuelo, sus hijos y sus nietos entregando cuencos de plástico con arroz y pincho de carne cubierto por un rectángulo de pan, a todos los que se presentaban. Aquí no hacía falta ni traer la cazuela. En la cola había gente de todas clases, desde mujeres elegantes y hombres con traje que llegaban en coche hasta familias muy humildes, incluso había unos cuantos hombres que parecían vagabundos con el cabello embarullado, la ropa rota y los pies descalzos. De regreso a casa las avenidas de la ciudad estaban embotelladas pues por todas partes aparecían dastés, las procesiones de flagelantes con sus estandartes y su música con redoble de tambores. Era un día de primavera luminoso y las calles de Teherán estaban llenas de paseantes y de coches. Al final de cada calle o a la vuelta de cada esquina, sobre un mar oscuro de cabezas, se bamboleaban los penachos multicolores de los estandartes mientras en mis oídos entraban, se cruzaban y acoplaban diferentes pistas de redobles y trompetas. Semana Santa iraní.


Por la noche se encienden velas en los umbrales de las puertas, es la noche del sham e ghaliban o de la luz de los desamparados, las mujeres en Kerbala, se han quedado solas velando a todos sus muertos después de la batalla.

En la casa donde me alojo hay dos televisores situados uno al lado del otro sobre una mesa auxiliar alargada y baja de la que penden tapetes bordados. Frente a ellos un sofá y en el sofá, sentados, la abuela de la familia y su hijo. Cada uno mira un televisor distinto pues los dos están encendidos. La abuela en el de la izquierda sigue el sermón sobre el martirio de Hossein que tiene lugar en directo desde el mausoleo del emam Jomeini ante cientos de fieles. En el de la derecha el hijo se distrae viendo un partido de fútbol. El volumen está alto en ambos televisores y se mezcla la sed de los seguidores de Hossein con los goles de la selección iraní.


Yo me siento en un sillón lateral y contemplo la escena té en mano. Un experto en recitar la muerte del santo lleva a los asistentes al paroxismo. Lloran más y más a medida que aumenta la tensión y se acerca el momento del martirio.

 -Les encanta, -me dice el que está mirando el fútbol, -el clero con estas historias tiene siempre a unos miles de hombres dispuestos a entrar en guerra o a autoinmolarse en el momento en que lo consideren necesario, fíjate en las caras; con sólo una orden se pondrían todos en pie y correrían a cumplir lo que les mandaran.

Su madre que sigue atentamente con el pañuelo en la cabeza lo que ocurre en el desierto de Kerbala mientras ve cómo lloran y se desgañitan los asistentes a la ceremonia, ni rechista, se sabe de memoria las ideas de su hijo y considera que no vale la pena intervenir, si lo hace se perderá parte del sermón que es emocionante. El sermoneador es uno de los mejores de Irán y está llegando al climax, teshné teshné (sed sed) grita cada vez más alto y cada persona llora por sus desgracias, por su soledad, se saca los demonios de encima, se desprende de sus tristezas, deja que se le ablande el corazón, que se lo lleve la emoción hasta lo más profundo de su ser, da rienda suelta a los sentimientos sin avergonzarse, acompañada de muchas otras que hacen lo mismo. Mientras en la otra pantalla Alí Daí, el mejor jugador de la selección nacional iraní ha marcado un gol. Nacido en Ardebil, ciudad del Azerbaiján, Alí Daí es un héroe nacional. Las dos caras de Irán, una come y se divierte, la otra se flagela y llora. Muchas veces esas dos caras van juntas.

25.8.16

Los pioneros del té (2). Los jardines de té de Darjeeling



A mediados de la década de 1850 se inició el cultivo de té en Darjeeling, una región montañosa situada al noreste de la India. Los trabajadores eran nepalíes, los ghorkas, y hoy siguen siendo ellos los que trabajan en la industria del té, a la zona la denominan Ghorkaland. 


Hasta que se construyó la carretera y el ferrocarril, los porteadores a pie o a caballo transportaban la carga por caminos difíciles de transitar, montaña abajo hasta Siliguri y luego por el río o por carretera llegaba al puerto de Calcuta. Pero entre 1861 y 1869 se construyeron dos carreteras que se van cruzando hasta 132 veces y que siguen siendo hoy en día una maravilla de la ingeniería de montaña. Poco después se construiría el Darjeeling Himalayan Railway, uno de los trenes más maravillosos del mundo que se desplaza desde Siliguri hasta la ciudad de Darjeeling siguiendo el trazado de la carretera.

Para iniciar el cultivo hubo que talar la selva y que luchar contra los osos, los tigres y las cobras, con la azada y los pies descalzos. Era un trabajo durísimo y muy peligroso.


En la actualidad el té constituye una industria floreciente en la India. Como es un país consumidor, solamente exporta un 20% de su producción, el resto se distribuye en el mercado interior. 
Las regiones frías del nordeste de la India solamente producen de marzo a diciembre, en cambio las que están cerca del ecuador como el Sur de la India, Sri Lanka (Ceylán), Uganda o Indonesia, recogen durante todo el año.


Para visitar las plantaciones de unos amigos de Calcuta, en 2009 volé a Siliguri y desde allí por la carretera que asciende hasta Darjeeling llegué a la casa donde se alojan durante parte del año, situada muy cerca de la estación de Gayabari, del famoso tren. Las fotografías de la casa dan una idea más apurada que cualquiera de mis explicaciones.


En el Hindustan Times hay una sección titulada Tea Times donde se dan las cotizaciones del día anterior. Especifican tres categorías: CTC, es decir, cut, tear and curl (cortar, rasgar y rizar), Orthodox y Dust. Las dos primeras son maneras diferentes de procesar las hojas y Dust, como su nombre en inglés indica, es el polvo resultante, mucho más barato. Los ingleses más estrictos solo compran Orthodox y dicen que el CTC es para los supermercados, en cambio en Orienté Medio les gusta el CTC. No por ello el Orthodox es siempre más caro que el CTC, pues todo depende del lugar de procedencia, de la época del año, de la partida.


Una de las plantaciones de los amigos que visité, jardines de té les llaman ellos, ocupaba 1500 Ha., producía 1,5 millones de kilos al año, tenía 1500 trabajadores que vivían en la plantación con sus familias lo cual representaba una población de 6000 personas. Había escuela primaria, 1 médico, 3 enfermeras, 2 comadronas y habían organizado un teaching family plan para conseguir que las familias no tuvieran más de 3 hijos. Los trabajadores no tenían seguridad social estatal pero la educación y la salud de la comunidad era responsabilidad de los dueños de la plantación, que en este caso y posiblemente una excepción, forman parte de la sociedad culta de Calcuta, seguidores de las enseñanzas humanistas de Rabindranath Tagore. También tenían organizado un plan para la jubilación. 


Según me contaron, hace años había salarios de niños, de adolescentes y de adultos, después quedaron los de adolescentes y adultos y desde hace un tiempo solo se contratan trabajadores mayores de 18 años. 
Los campos de té que visité estaban en un terreno plano y había árboles que proporcionaban sombra a las plantas. Las mujeres recogían las tres hojas finales de cada rama, unos 26 kg por persona y día.


Los colores de sus sacos de tela a la espalda y sostenidos desde la cabeza eran rosa, malva, azul cielo, blanco, y vistos desde la lejanía eran puntos de color en una inmensidad verde brillante.
Esté té se manda, una vez procesado, a Siliguri para ser subastado. En la India hay seis centros de subastas desde que se iniciaron en 1861 en Calcuta (hoy Kolkata), en Guwahati, Cochin, Coonoor, Coimbratore, Calcuta y Siliguri. En el resto del mundo las hay en Colombo, Chittagong, Mombasa, Yakarta y Limbe. Las subastas de Londres se clausuraron en 1998, después de 300 años, porque hoy en día ya no tenían razón de ser. Ahora se celebran cerca de los lugares de producción debido a la facilidad para desplazarse, sin embargo todo está cambiando puesto que ya hay subastas en Internet.


De regreso a Calcuta asistí a un día de subastas en J. THomas & Co. Desde una tribuna acristalada de un piso superior veía la sala en semicírculo y escalonada donde los compradores alemanes, ingleses, rusos, americanos, japoneses e iraníes, algunos de grandes empresas como Unilever o Tata Tea, pujaban por las partidas que les interesaban. Unos días antes habían recibido en sus respectivas empresas las muestras, siempre en bolsas de papel. 

Los catadores de té, no tragan el sorbo sino que lo escupen. Algunos de ellos se precian de saber a ojo vendado no sólo de qué región procede el té probado sino afinar hasta acertar el garden de procedencia y qué tiempo hacía cuando tuvo lugar la recolección.


Debido a que la calidad de la hoja india varia según la estación del año, las empresas empezaron a comercializar sus marcas (label) preparadas con mezclas de diferentes cosechas (brand) y así conseguían un sabor constante y ahí reside el arte de los catadores.

 Después de la Segunda Guerra Mundial el comercio del té se encontró con un importante competidor, el café soluble. Fue entonces cuando apareció la bolsita de té, una manera mucho más fácil de prepararlo, que cambió, sin embargo, el sabor y la naturaleza de esta popular bebida. 


22.8.16

Los pioneros del té una aventura épica (1)



El té es la bebida más popular en el mundo. Desde Rusia hasta el sur de África y desde la costa oeste de América hasta el lejano Oriente.
La planta es la Camelia Sinensis que para vivir necesita lluvia abundante y una tierra ácida.
Los habitantes del mundo occidental acostumbran a beber té negro mientras el té verde es el preferido de los asiáticos.
Los mayores productores  de té negro son India, Sri Lanka, Indonesia y Africa, mientras que Japón y China son los campeones en té verde. El Reino Unido sigue siendo el mayor importador de té del mundo, sus habitantes beben una media de tres tazas y media al día. La mitad de la población del mundo bebe té.
Ya en el siglo VIII China exportaba té a sus vecinos Tíbet y Mongolia por medio de porteadores y después, a finales del siglo XVII, a Rusia con caravanas de camellos que atravesaban el desierto de Gobi  y las grandes llanuras rusas. A Japón llegó el té desde China en el siglo XII.
Lo interesante del té es el proceso por el cual desde los antiguos cultivadores en China y Japón pasó a los pioneros británicos que, a finales de la década de 1830, se adentraron en las junglas de la India e iniciaron un nuevo sistema de cultivo, las Plantaciones, en competencia con China.


Desde el tiempo en que el progreso de la tecnología marina hizo posible explorar los mares, los europeos intentaron establecer contacto comercial con China, poseedora según se imaginaban de exquisitos tesoros.
Los portugueses llegaron a aguas chinas a principios del siglo XVI. A finales del siglo XVII la Compañía Inglesa de las Indias Orientales inició el comercio con China.
El primer té hllegó a Europa, Holanda, Francia y Alemania, hacia 1610 con los barcos holandeses. Pronto llegó también a Inglaterra. 


En 1650 empezaron a abrirse cafeterías en Londres y una de ellas, la Garraway’s Cofee House, inició la venta del té chino a la vez que publicitaba sus grandes cualidades. Y pronto sustituyó al café como bebida nacional en las Islas Británicas, al revés de lo que ocurriría en América aunque este sería un tema para otro artículo.
Desde 1700 los comerciantes extranjeros estaban confinados en Cantón con unas rígidas restricciones impuestas a través de los Co-hong, una casta de comerciantes chinos que ejercían de agencia entre los comerciantes extranjeros y los chinos y debían cobrar unos importantes impuestos que luego pagaban a las autoridades chinas.
En el siglo XVIII la Compañía inglesa exportaba telas de lana británicas y algodones de la India a cambio de té chino, porcelana y seda. Pronto las importaciones de té fueron las más importantes de la balanza comercial británica. También se redujeron las exportaciones a China y la balanza comercial británica se vio desfavorecida. Debían pues pagar la parte del té restante con plata que era escasa, lo que obligó a los británicos a buscar algo que compensara las pérdidas y les diera beneficios: el opio. El opio estaba prohibido en China y la Compañía británica no comerció directamente con él sino que dejó que lo hicieran empresas privadas pero sí fue responsable de su cultivo y procesamiento a gran escala en India.


En la tercera década del siglo XIX se hizo evidente que el tráfico de opio era el negocio más lucrativo y quizá el único lucrativo para algunas empresas británicas que operaban el el sudeste asiático. En esta época el opio invadía el mercado negro chino y, como es de suponer, se convirtió en el tema de máxima preocupación del gobierno chino. Un funcionario de Cantón, el comisionado Lin, ordenó la confiscación de unas veinte mil cajas de opio de los barcos británicos y se negó a pagar indemnizaciones. Este incidente indignó a los comerciantes occidentales que tenían como bandera el libre comercio, aunque se tratara de comerciar con un producto nefasto. Como consecuencia tuvo lugar la primera Guerra del Opio en 1840 que duró dos años y terminó con un tratado que obligaba a los chinos a ceder Hong Kong a los británicos por un período de 150 años, abrir cinco puertos chinos a los comerciantes extranjeros e indemnizar a los que habían sido perjudicados.


Hacia 1850 apareció en escena un nuevo modelo de nave, hermosa y veloz, “la dama elegante de los mares” la llamaban. Eran los clipper. A finales de abril recolectaba la primera cosecha de té en China, la más apreciada y esperada, pero hasta primeros de junio los clippers no estaban cargados. Entonces, ya estibados, emprendían una carrera sin cuartel por los mares embravecidos y peligrosos hasta llegar a Londres donde el primero en llegar recibiría un premio en metálico por tonelada de té aportada. Tardaban 100 días o más.  En la época victoriana la carrera de clippers cargados con la primera cosecha de té de China a Londres era seguida anualmente desde la metrópoli con entusiasmo. La llegada de los clippers Ariel y Taeping en 1866 , al mismo tiempo, fue emocionante.

    Ariel and Taeping, por Jack Spurling

Aparte de la primera cosecha, la más apreciada, había tres más siempre en verano.
Cuando se abrió el Canal de Suez en 1869, el mundo de los clippers quedó fuera de combate y acabó de darle la puntilla la entrada en escena de los barcos de vapor. Los nuevos vapores por el Canal tardaban solo 44 días frente a los 100 de los clippers más veloces que tenían que pasar por el Cabo de Buena Esperanza.
La Compañía Inglesa de las Indias Orientales fue la empresa más poderosa que jamás ha existido, si hoy en día uniéramos las más importantes multinacionales, no llegarían a tener el poder que detentó aquella. Estaba formada solo por comerciantes pero poseía más de cien navíos que estaban tan bien armados como los de la Royal Navy. Su poder político era indiscutible de 1600 a 1859.
Mientras tuvo el monopolio del comercio del té cuya demanda aumentaba exponencialmente, no había porque preocuparse pero en 1833 se abolió el monopolio. Para entonces, sin embargo, la Compañía ya había iniciado el cultivo del té en India y podía competir con la mismísima China.


La implantación del cultivo del té en India fue una aventura extraordinaria por parte de los británicos. Desde mediados del siglo XVIII, los botánicos se dieron cuenta de que las plantas y las semillas valían tanto como el oro pues podían transportarse de un continente a otro y eran esenciales para la prosperidad del Imperio Británico, así se iniciaron los cultivos de café, de caucho, de té y otros.
La Compañía mandó en 1935 a G. J. Gordon a China con la misión de obtener semillas de té (Camellia sinensis) y chinos conocedores de los secretos de su cultivo y manufactura, aunque fuera con tretas poco edificantes. Ese mismo año en India descubrieron plantas silvestres de auténtico té (Camellia assamica) en las selvas de Assam. Al año siguiente Gordon llegó al puerto de Calcuta con ochenta mil semillas que fueron depositadas para su cultivo en el Jardín Botánico de la ciudad. Así empezaron dos tipos de cultivo del té en India, el del té chino resultante de las semillas importadas o mejor dicho robadas, y el del té autóctono recién descubierto en Assam, región selvática prácticamente inaccesible.


Fue una aventura épica que dio como resultado el fin de la supremacía china en el comercio del té pues sus métodos de cultivo, que no habían cambiado en siglos, no pudieron competir con los nuevos métodos extensivos y la manufactura con maquinaria moderna que aportaron los británicos. En solo 30 años los británicos modernizaron una industria que había permanecido inmóvil durante siglos.







27.2.16

Elecciones en Irán 2016, 2. La asamblea de Expertos.


Vamos a seguir con las elecciones en Irán 2016.

El revuelo que se ha armado en el mundo en relación con estas elecciones no significa que su resultado pueda aportar un cambio radical, puesto que seguirá habiendo un Guía Supremo y éste es, de momento, el ayatollah Alí Jameneí. La Asamblea de Expertos, que es la encargada de nombrar al nuevo guía en caso de fallecimiento del actual, podrá escoger, en el mejor de los casos, a un ayatollah menos conservador pero seguirá siendo una figura política que al final de cuentas ostenta el poder por encima del presidente y del parlamento. Solamente cambiando la Constitución y eliminando de ella la figura del Guía (velayat e faqih), podría acceder Irán a una verdadera democracia. Y este no es el caso sea cual sea el resultado de estas elecciones, que quede claro.

La revista online Al-Monitor, radicada en Washington, especializada en Oriente Medio y acusada en alguna ocasión de ser proiraní y proAssad, publica este fin de semana un artículo sin firma. Donde debería aparecer la furma dice que cualquiera de sus colaboradores podría haberlo escrito.
El artículo se refiere a la elección de los 88 teólogos para la Asamblea de Expertos y el tema es la acusación, por parte de la linea dura del régimen, de intromisión británica en las elecciones en favor de los candidatos moderados. De nuevo aparece la intromisión extranjera.
La historia es la siguiente: Rafsanjaní, ayatollah Alí Akbar Hachemí Rafsanjamí, el político habil e incombustible que siempre ha estado en algún puesto prominente, aunque en 2013 fue vetado como candidato, rico terrateniente de los campos de pistachos de Rafsanján, de turbante blanco*, lidera una lista de 16 clérigos, considerados moderados, que se presentan en bloque para ocupar los 16 puestos adjudicados a la ciudad de Teherán en la A de E. Si ganan, o sea si los electores les votan en bloque, los de la lista conservadora radical no tendrían ni un puesto, son 5 conservadores que se presentan en una lista liderada por el ultraconservador Ayatollah Ahmad Jannatí.
En la lista de Rafsanjaní va también el actual presidente de Irán, Mohammad Khatamí. El nieto de Jomeiní, el que ha sido vetado y no puede presentarse, apoya tácitamente la candidatura de los 16.

En las redes sociales se ha extendido rápidamente una campaña con el lema "No a estos 5".
Los conservadores han hecho una campaña contra los dieciséis y para contrarrestar su popularidad han aireado a diestro y siniestro que están apoyados por la BBC y que su canal televisivo en persa es el que ha ideado la campaña "No a estos 5".  Aquí aparece otra vez el coco de la política iraní: la injerencia extranjera.

La BBC en lengua persa se sigue en Irán a través de las parabólicas. Hace unos años tenían un programa de humor ácido, Parazit, que se hizo muy popular entre los jóvenes iraníes. También se sigue allí La Voz de América en persa. En sentido inverso, los hispanohablantes podemos ver un canal de TV oficial iraní en español, HispanTV, que emite información y entretenimiento para España y los países latinoamericanos. Además, la TV oficial iraní tiene canal en inglés y en árabe.

Los iraníes han votado, se dice que la participación ha sido del 70%. Los resultados para la Asamblea de Expertos se sabrán durante la próxima semana. Los resultados para el Parlamento se harán esperar más.

*Los clérigos que se cubren con turbante negro pertenecen a la casta seyyed y se consideran descendientes del Profeta. Rafsanjaní, no es seyyed, Jatamí sí.



26.2.16

Elecciones en Irán 26 febrero 2016


IRÁN. Datos: Población 81 millones. El 60% tiene 30 años o menos. Inflación: 15,3% (2015). Desempleo: el 25% de los jóvenes (2015)


El 26 de febrero de 2016 los iraníes de 18 años en adelante, hombres y mujeres, han tenido la oportunidad de votar para elegir a los nuevos miembros del Parlamento y a los del consejo de clérigos, conocido como la Asamblea de Expertos.

Número de votantes: 54,9 millones.

Parlamento o Majles, elecciones:

Cada 4 años
De 12.000 candidatos presentados, solo 6.200 han sido aceptados por el Consejo de Guardianes. De estos aceptados, 450 son mujeres.
Hay 290 escaños.

Asamblea de Expertos, elecciones:

Cada 8 años
De 801 teólogos que se presentaron, 161 fueron aceptados. Ninguna mujer.
Tiene 88 miembros.

Los iraníes se han acercado a las urnas en unas elecciones que se ven como un referendum a la política del presidente Hassan Rouhaní. Estas elecciones tienen lugar cuando hace tan solo un mes que se han levantado las sanciones que pesaban sobre el país, después de que en julio pasado se firmara el acuerdo nuclear entre Irán y las potencias occidentales.



El Consejo de Guardianes descalificó a casi la mitad de los 12000 candidatos al Parlamento.

El parlamento se conoce con el nombre de Majles, tiene 290 miembros y es la cámara legislativa, además se encarga de aprobar el presupuesto anual y también aprueba los acuerdos internacionales, últimamente ha aprobado el acuerdo nuclear con los países occidentales.

La Asamblea de Expertos, es un consejo de clérigos que se compone de 88 miembros y son los encargados de nombrar al sucesor del líder supremo cuando éste fallece. En realidad lo que hacen es sancionar el nombramiento pues la decisión se cocina entre bambalinas.

Alí Jameneí de 76 años y supuestamente enfermo de cancer, hace 27 años que es el lider supremo, sucedió a Jomeiní cuando éste falleció. Está apoyado por los Guardias de la Revolución, linea dura entre los conservadores, que se vanaglorian de los éxitos militares en Siria e Irak y de haber elevado su prestigio en todo Oriente Medio y el Norte de África por esta causa. 
Políticamente, Jameneí controla los 4 consejos revolucionarios que adoptan sus instrucciones y producen los resultados requeridos en todas las elecciones y cuyos poderes combinados se elevan sobre los del presidente y el parlamento. 
El lider supremo ha tenido desavenencias graves con la población en varias ocasiones en que sus candidatos preferidos han perdido las elecciones (Akbar Nateq-Nouri en 1997) o han sido cuestionados con grandes manifestaciones (Ahmadinejad en 2009). Pero siempre ha ganado con mano dura, abortando cualquier desmán.
Jameneí mantiene en arresto domiciliario a los dos candidatos a las elecciones presidenciales de 2009, Karrubi y Moussavi, y mantiene en el ostracismo al ex-presidente Jatamí, por reformista.

Sin embargo, en vista de lo maltrecho que quedó el país después de las dos legislaturas de Ahmadinejad, el lider “permitió” que fuera elegido nuevo presidente Rouhaní, un moderado capaz de dar el golpe de timón necesario en política exterior que recondujera la cuestión nuclear, para salir del duro embargo económico a que estaba sometido Irán por parte de las potencias occidentales y que estaba estrangulando gravemente su economía.

La abogada Shirin Ebadí, Premio Nobel de la Paz 2003, ha vuelto a abogar por la abstención, como ha hecho en otras elecciones, por considerar que el veto a los candidatos reformistas anula el sentido democrático de las mismas. Pero a pesar de las voces abstencionistas, los iraníes acuden masivamente a las urnas.

La población iraní bulle cuando hay elecciones y se ilusiona con facilidad. Hay ganas de fiesta y de salir a la calle a celebrar cualquier acontecimiento y qué mejor ocasión que unas elecciones, cuando el régimen necesita una alta participación para enseñar al resto del mundo que son un éxito y demostrar que las secunda la mayoría. El control estricto del espacio público se relaja en esta ocasión y chicos y chicas pueden salir a divertirse. 

La doctora Massoumeh Torfeh, investigadora asociada de la London School of Economics se pregunta si hay alguna posibilidad de cambio después de 37 años de República Islámica, y contesta con pesimismo con una frase del lider supremo, “Cuidado con aquellos que quieren cambiar la República Islámica desde dentro”.

“La moderación no es solo un sistema sino también una manera de ver el mundo, un camino, y nosotros debemos seguirlo” ha dicho Rouhani, a la vez que pedía a la población que acudiera a las urnas.

Los resultados para la Asamblea de expertos se sabrán durante la próxima semana. Los del Majles tardarán más y quizá necesitarán de una segunda vuelta.

Se esperan unos resultados favorables a Rouhaní, o sea un parlamento con mayoría moderada, para darle la posibilidad de seguir el camino emprendido. A Jameneí también le interesa haber salido del eje del mal y encontrarse en el club de los buenos. La geopolítica en Oriente Medio tiene estas cosas.

Irán se ha puesto de moda, las agencias de viajes tienen las plazas cubiertas con medio año de antelación. Los hoteles están llenos, los guías turísticos que hablan inglés, español, francés, italiano o japonés, están más solicitados que nunca y ya no resulta difícil obtener el visado. Sin embargo, una vez allí, aunque los iraníes son amables, cultos y sumamente acogedores, la cara adusta de Jomeiní nos vigila desde cada esquina.

6.2.16

Frank Stella retrospectiva en Nueva York


Sensacional exposición retrospectiva del pintor americano Frank Stella en el Whitney Museum de Nueva York, con más de cien obras escogidas por él mismo.

La exposición cierra mañana sus puertas después de tres meses desde su inauguración el 30 de octubre de 2015. Después irá al Modern Art Museum de Fort Worth y luego al De Young de San Francisco.

El IVAM de Valencia le dedicó una exposición en 2012 y ese mismo año colgó en Zaragoza un gran mural con soporte de Calatrava.




Frank Stella nació en 1936 y es un maestro del arte abstracto que del minimalismo se ha pasado al barroco y de los lienzos planos al uso de materiales plásticos de todo tipo, acero, aluminio, que recorta, yuxtapone y superpone.

La exposición es un gozo para la vista. El mismo Stella dijo en 1966: "What you see is what you see", lo que ves es lo que ves. También dice que su intención ha sido el ser un pintor decorativo.











Visité la exposición en diciembre y hacía frío en Nueva York. Pero la noche era clara y la atmósfera transparente. Desde las terrazas del Whitney se veían las luces de los rascacielos de NY, una vista impresionante.





20.11.15

La cocina persa









En casa acostumbro a preparar platos iraníes con recetas que he ido aprendiendo en Irán durante mis casi cincuenta años de relación con el país de los persas. Por eso a mi familia, los olores, los sabores y la presentación de los platos iraníes siempre les han sido familiares.

En Irán no existe una cultura de la restauración. Quizá últimamente con la apertura del país al turismo y la demanda de restaurantes que no sean los típicos cheló kababís (brochetas de carne acompañadas de arroz), empiezan a florecer locales que ofrecen platos variados. Esos platos variados y bien elaborados se encuentran en las cocinas de las casas que es donde se desarrolla la vida social. Los iraníes son acogedores y no es difícil poder entrar en sus hogares y probar las delicias culinarias de alguna familia. En realidad en Irán, quien para alimentarse dependa de los restaurantes no conocerá la diversidad y la sofisticación de la verdadera cocina autóctona.




En Irán, por ser un país musulmán, la carne debe ser halal, es decir de animales que han sido sacrificados como ordena el islam. Comer carne de cerdo no está permitido, esta carne es haram, contrario a halal. En los comercios venden embutidos pero son de pollo, cordero o ternera. Para los musulmanes chiítas duodecimanos, como son la mayoría de los iraníes, el pescado debe tener escamas para ser halal. Solamente los iraníes de la zona del Golfo Pérsico, que son sunitas, comen crustáceos. No se sirve alcohol en ninguna mesa, a menos que se trate de una familia occidentalizada. Tampoco se encuentra en los hoteles, ni en los restaurantes.

La caza es muy apreciada en el norte de Irán y se da por supuesto que el cazador rezó las oraciones prescritas cuando mató al animal y que lo degolló y desangró como es obligatorio.




Los suelos de las casas iraníes están cubiertos por hermosas alfombras y nunca se pisan con los zapatos por lo que hay que dejarlos en el rellano o a la entrada. En los hogares tradicionales el mantel o sofré se pone sobre las alfombras y se colocan encima los platos acompañados de cuchara y tenedor, nunca hay cuchillo pues las carnes estofadas muy tiernas se deshacen y el concepto de bistec a la plancha, que hay que cortar, no existe. Las bandejas con la comida se exponen todas a la vez sobre el sofré para que los comensales se sirvan.


Pan sangak, cocido sobre cantos rodados















En las mesas iraníes siempre hay pan caliente, queso blanco estilo feta, dugh (yogur, agua y menta), salad shirazí (ensalada con diferentes vegetales y aliñada), sabzé (yerbas frescas sin cortar ni aliñar), y torshí (confitados en vinagre), además de los platos principales, como estofados de carne, y arroz, decorado éste de diferentes maneras, con pistachos, azafrán, almendras fileteadas, zereshk, corteza de naranja finamente cortada y confitada.



El zereshk todavía en la rama

El zereshk adornando el arroz

La cocina tradicional iraní tiene algunos platos singulares que no se preparan en ningún otro país de Oriente Medio. Estos platos, unos dulces (shirín), y otros ácidos (torsh), son arroces y estofados de carne de cordero, ternera o pollo y vegetales (sabzé).




La comida iraní no es picante, no se usa la guindilla para cocinar.  El ajo sí se emplea, sobre todo en el norte donde lo preparan confitado en vinagre y adquiere con el tiempo una coloración negra, lo llaman “ajo centenario”. Para los kababs o pinchos, además de la sal y la pimienta, se usa el somagh, un polvo agridulce de color granate que se obtiene moliendo, una vez secos, unos pequeños frutos silvestres de color rojo. La lima seca y el jarabe de granada, rob e anar, se utilizan en los estofados. Las sopas se condimentan con zumo de limón. La cúrcuma, el azafrán, dan sabor y color y son compatibles en el mismo plato. También se emplean yerbas frescas o secas tales como el perejil, hierbabuena, cilantro, eneldo, albahaca, y otras que no son corrientes en nuestros mercados. Con berenjenas y kashk, una pasta blanca derivada de leche seca, se cocina un plato delicioso.


Kashk e bademjan, berenjenas con kashk, nueces y cebolla frita

El té es la bebida nacional de Irán y se da más valor al color y al aroma que al sabor. El té se toma con un terrón de azúcar entre los dientes y raramente se pone azúcar en la taza. El té es adictivo y hay quien llega a tomar cuarenta tazas al día.




La paradoja del caviar: Aunque el caviar auténtico procede de Irán, a los iraníes no les gusta y en ninguna mesa iraní hay caviar.




En Barcelona se pueden degustar platos iraníes en el restaurante persa de toda la vida, el “Rincón persa”, donde ofrecen una buena variedad de platos y lo hacen bien. También está “Sabor persa” que abrió sus puertas recientemente.

En Madrid  tengo noticias de “Sabor azafrán” que pienso visitar en mi próximo viaje a esa ciudad.